Algunos por destino logró llevarlos a otro camino.
Dedicado
a los familiares de las víctimas y sobrevivientes de la tragedia de Once.
Por la verdad, la
justicia y castigo a los responsables.
Mi
humilde homenaje.
Dedicatoria.
Este libro de poesías está
dedicado a los familiares de las víctimas de la tragedia de Once del 22 de
febrero de 2012.
Durante los años
subsiguientes fui editando otros libros, pues por el acontecimiento mismo de
los hechos que ese día se sucedieron en mi historia personal, no lograba
escribirlo.
Aún hoy, y tan sólo con
escribir estas palabras la remembranza de aquel día, vuelven a mi memoria y la
angustia y desesperación comienzan a dibujarse en mis entrañas nuevamente.
Tengo relatos infinitos para
escribir, historias, imágenes para describir, pero aún no puedo.
Sí pude expresar en versos
algunos rimados y otros no, lo que desde mi perspectiva visual, mental y
emocional me lo permite.
Otras poesías que aquí
leerán, tienen que ver con el sentir mismo de la humanidad.
No es un libro más, no es de
exposición, mi único objetivo es acompañar de alguna manera aquel hecho grabado
en mí existir a fuego y entregarlo de regalo a los familiares de esos seres que
se fueron, pero no comúnmente se fueron, se marcharon en un tren, el tren
Sarmiento y andarán surcando, ellos, espacios y lugares infinitos, llevando
historias, cargando esos vagones a los ángeles, que no llegaron a destino.
ROSSANA SCARONE.
Presentación.
Presentación.
El miércoles
22 de febrero de 2012 se produjo la denominada “Tragedia de Once”. Eran las 8.33
hs. de la mañana cuando el tren Nro. 3772 de la Línea Sarmiento, que arribaba a
la Estación Terminal de Once por la plataforma Nro. 2 con 1200 pasajeros a
bordo, no consiguió detener su marcha y colisionó brutalmente contra los
paragolpes de contención. Era hora pico y el tren estaba abarrotado. La masacre
alcanzo ribetes macabros: 51 muertos y 702 heridos en Once. Decenas de familias
destruidas. Miles de sueños e ilusiones se fueron con esas vidas.
En cuanto al
número de víctimas, se trata de la tercera catástrofe ferroviaria más
importante de la Argentina. Las dos anteriores, la de Benavídez, en 1970, donde
murieron 236 personas, y el de Sa Pereira, en 1978, con 55 víctimas fatales, se
produjeron en tiempos de Dictaduras Cívico-Militares, lo cual menguó
sensiblemente su repercusión, debido a la censura ejercida sobre los medios.
“De eso no se habla”. La Tragedia de Once, en cambio, se verificó en el marco
de un Gobierno democrático, por lo que los medios operaron como caja de
resonancia, no solo a escala nacional, sino planetaria.
Los
argentinos ya veníamos golpeados por un antecedente aún más macabro, la
Tragedia de Cromagnón, del 30 de diciembre de 2004, cuando se incendió el local
donde se desarrollaba un recital del Grupo Callejeros, con un saldo de 194
muertos y más de 1432 heridos. La cercanía temporal de ambas catástrofes, su
magnitud, sus efectos destructivos sobre tantas familias de habitantes de
nuestro país, multiplicó el impacto emocional en la opinión pública sobre la
precariedad de las condiciones en que transitan las sociedades contemporáneas y
la necesidad de incrementar los esfuerzos para evitar que acontecimientos
similares puedan reiterarse. En el caso de Cromagnón las causas quedaron
bastante expuestas y la justicia dio su veredicto en el marco de un proceso que
dividió a la opinión pública. Con la Tragedia del Sarmiento sucedió algo
diferente: las causas se nos presentan todavía borrosas. ¿Fallas técnicas o
falla humana? ¿Tragedia o accidente? ¿Cuál fue la responsabilidad del Estado?
Más allá de
las medidas inmediatas que se tomaron -48 hs. de duelo en Nación, Ciudad y
Provincia de Buenos Aires, suspensión de la celebración de carnavales en todo
el país-, la sensación de impotencia, la insatisfacción con las explicaciones,
las argumentaciones de sindicalistas, protagonistas, víctimas y autoridades -a
menudo divergentes-, generaron un evidente malhumor social. Y si bien hubo
algunas decisiones políticas significativas, como por ejemplo el impulso de un
decidido proceso de renovación y modernización ferroviaria, que se extendería
hasta fines de 2015, la búsqueda de respuestas continúa vigente. Sólo queda el
inmenso dolor, la frustración, la bronca, todas aquellas sensaciones que
emergen cuando la razón parece no poder dar abasto a las preguntas y a las
lágrimas.
Desde hace
mucho tiempo, Rossana Scarone se ha sentido atraída y atrapada por la
problemática de este ferrocarril, a punto tal de haber recibido, merecidamente,
el mote de “Escritora del Tren Sarmiento”, transmitiéndonos con su pluma
virtuosa las más bellas anécdotas y observaciones concebidas a través de su
inquieta capacidad de obervación en movimiento. En virtud de su coherencia y
compromiso con la vida social-y con los personajes y situaciones de su querida
patria adoptiva del Oeste del Gran Buenos Aires-, tenía pendiente un gran
desafío: encarar la reconstrucción, a través de su poesía, de ese momento
trágico, de sus vivencias, de la impotencia, de sus consecuencias y de sus
resignificaciones en el tiempo. La mirada de las víctimas, de los familiares,
de los otros. Nuestra propia mirada, nuestras preguntas, nuestras demandas,
expresadas a través de la perspectiva lúcida y, a la vez, inmensamente afectiva
de la autora.
Pero los
méritos de la obra no se agotan en la pluma privilegiada de la autora, ni en su
capacidad para absorber y transmitirnos las vivencias de tristeza, de bronca ni
de nostalgia del ayer. Muy por el contrario, Rossana consigue hacer emerger la
vida en medio de la oscuridad, el anhelo de superación, de la construcción
compartida, de las miles de historias que aún emergen de un escenario que
alguna vez monopolizó la muerte. En ese Tren Sarmiento, en síntesis, al que nos
retrata con la magia y la heterogeneidad de la vida misma.
Recomiendo
enfáticamente la lectura de esta bellísima obra, de este canto a la esperanza,
y me permito reproducir, casi al azar, unos breves versos de los que Rossana
Scarone nos regala a lo largo de las páginas siguientes:
“Es parte de un todo
el tren Sarmiento,
pues si bien hay
tristezas, por vidas
robadas, también
hay alegrías en cada
día, soñadas,
pues levantas
en tus vagones
multitudes humanas,
que transitan sus sueños,
viajando con cada
esplendor del día que
aguarda tu pronta
llegada.”
Alberto Lettieri,
30
de agosto de 2017
Parálisis emotiva.
Aquel 22 de febrero
las llamadas a mi celular,
eran incesantes, eran de Uruguay.
Por esas comunicaciones
mi pecho
se encendía
pues recuerdo no entendía
aún lo que sucedía.
Paralizada en Paso del Rey
quedé, y comencé a escuchar
lo que me decían, pero
aún no entendía.
Viajaba en sentido contrario
a la tragedia, que jamás
nunca volvería a pasar
desapercibida, mi corazón
se detenía.
Mi hermano hacía allí se
dirigía, en dirección
contraria a la mía.
Entonces era él ,¿quién allí estaba?
No lo sabía.
Su teléfono no se atendía.
Luego de una rato
supe que tenía vida.
Pero mi alma se deshacía,
eran muchos quien ese día
perdían sus vidas.
Supe entonces que debía
escribir sobre aquel día
pero no podía.
El dolor atravesaba mi
alegría, sentimientos
encontrados , ¿Qué hacía?
Imaginaba el dolor en sus rostros
y en los de sus familias,
Ellos ya no están, pero
están ustedes y a ustedes van
dirigidas estas líneas
que acompañan sus sentires
tan tremendos, por la injusticia
cometida.
Alzaremos las voces muy, muy alto
para que el espanto se transforme
en denuncia pues nunca más ha
de suceder esto en sus trenes
y en sus vías.
ANDENES.
Rústicos y grises
se encuentran allí,
albergando seres,
uniendo ciudades,
cual esperanza que
emerge en cada una
de las caritas , que allí
viajan.
En cada amanecer
logran esperarlo a él,
el tren, que completo
circula por vías de logros
dejando en cada uno,
un trocito de historias
compartidas.
Algunos por destino
logró llevarlos a otro
camino.
A un cielo infinito
cargando a los ángeles,
que murieron sin
aviso.
Es parte de un todo
el tren Sarmiento,
pues si bien hay
tristezas, por vidas
robadas, también
hay alegrías en cada
día, soñadas,
pues levantas
en tus vagones
multitudes humanas,
que transitan sus sueños,
viajando con cada
esplendor del día que
aguarda tu pronta
llegada.
Acunas en tu vientre
diversas historias,
los cantores del alba,
aquellos que venden,
en cada mañana,
también viajan
familias completas,
trabajadores, niños,
anclados al trabajo
que necesitan de ti,
vagones de trenes,
que circulan sin fin.
Nosotros, sin ustedes
no tendríamos,
rapidez suficiente
para llegar a nuestros
destinos, surcados
de calor y frío,
a tiempo, que esperan
los rostros cansados,
de tanto laburo,
que conecta la C.A.B.A.
con un conurbano bonaerense
riquísimo, con sueños
y compromisos
de llegar a nuestros
lugares,
con permiso del tiempo,
que logras acortar,
con tu rapidez,
con tu sonido instalado,
sabiendo que si llegas,
para nosotros es,
llegar también contigo.
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